Cada forma esencial que la vida ha presentado en la historia de nuestra especie significa una manera peculiar de conseguir, dentro de su órbita, la reunión de la permanencia, unidad e igualdad con sus contrarios, mutación, particularismo y singularidad.
El existencialismo no tuvo que ver tan sólo con el pensamiento puro, sino con la realidad de cada sujeto enfrentándose a su estar en el mundo. Su presencia fue indispensable para entender y vivir la época. Igual acontece con la
posmodernidad.
La imitación proporciona al individuo la seguridad de no hallarse solo en sus actos, y, además, apoyándose en las anteriores ejecuciones de la misma acción como en firme cimiento, descarga nuestro acto presente de la dificultad de sostenerse a sí mismo.


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